28.11.05

el corazón en la boca

Pienso que cada vez que beso el aire, si tengo algo de suerte, me recuerdas.
Pienso, mientras escribo, en ese beso que sería encuentro.
Pienso que me dirás que no piense, y lo intento.
Y no puedo.
Porque pienso en un solo beso que olvida los límites impuestos, la torpeza de las razones, la imposibilidad de los sueños.
Porque sentirte atrapado y perdido en mi boca, y arrancarte del cuerpo la locura que hasta ahora sólo podíamos haber imaginado, es todo lo que pienso.
Porque siento que de sólo tocarte moriría un latido, o estallarían otros mil bailando envuelta en tu abrazo hasta que la noche sintiera envidia.
Porque pienso que tu boca, aunque dibujada seriamente, tendría exactamente la misma forma que mi sonrisa.
Porque pienso que entre todos tus besos guardas uno para mí... aquél que tendría el sabor dulce (y no el amargo) del silencio, mientras tus ojos hablan con los míos y el mundo se vuelve sólo la excusa para ello.
Porque me embriaga un extraño aroma cuando pienso que cruel puede ser el segundo nombre del destino, pero me convenzo que al respirarlo reconocería que ese aroma es tuyo y mío.

No quisiera que fuera así. Pero tampoco puedo evitar que lo sea.

¿Tienes algo que decir? Yo también.
Tienes razón en callar cuando río, porque cuando río es mi turno de hablar.
Tienes razón en desearme, porque mi deseo es tuyo desde que escuché tu voz.
Tienes razones para pensar que te espero; pero para saber el por qué de eso tendrás que esperar.
Tienes razón en decir que me cuide, pero no de ti... de las distancias, tal vez.
Tienes razón si prefieres no desear. No voy a discutir.
Aunque las razones aquí no caben. Lo que cabe, en realidad, es el tiempo.
Entonces, si un día descubres que mis ojos te miran y en algo detienen el tiempo, pregúntale a los tuyos si lo que ven en su negrura no es lo que querías encontrar.
Si logras despegar tu piel de mis manos, entonces tendrás razones para dejarme ir.
Pero antes de darle razón a la razón, encuéntrame ahí en el ocaso, donde me escondo cuando mis sueños te buscan, inexplicablemente, a ti.
Cuando no pude negar que existes fue en un sueño donde te conquisté por primera vez... ahora sólo me queda desear que no sea, ese mismo lugar, donde me toque verte partir.